Ayudar es un arte, es el arte de estar presentes.
En esta nueva entrada comparto Los órdenes de la Ayuda (B. H.) como herramientas para aplicar en nuestras vidas. La ayuda es pedagógica en cuanto está al servicio de la supervivencia, el desarrollo y el crecimiento.
Constelar es aprender a ordenar, y el órden se aprende practicándolo.
Yo antes era más desordenada, bueno lo sigo siendo, es más correcto usar el verbo estar: "estaba" desordenada. Más que ahora y menos que mañana!!.
Hace tres años finalicé mis estudios de Pedagogía Sistémica, con perspectiva de Bert Hellinger, en La Montera -Aula Gestal para la psicoterapia y las artes escénicas- y la CUDEC, universidad mexicana. 🤓Alli adquirí las gafas que hoy llevo puestas. He seguido graduándolas, con formación de Constelaciones Sistémicas Familiares, y cada vez las tengo más afinadas, veo órden y deórdenes por tos laos;... en mi vida personal, también.
Me apunté a esta formación sin ser profesora, siempre me he considerado educadora, creo que todos-as lo somos, de nuestros-as hijos-as y del entorno. Además consideré imprescindible abordar esta perspectiva en mi trabajo de intervención social. Cada día estoy más contenta de haber destinado tiempo y dinero en esta formación que recomiendo a todas las personas.
Lo pedagógico ayuda a entender y eso provoca cambios.
Presento un resumen del "Los órdenes de la Ayuda" de Bert Hellinger, 2003, muy práctico para entender y provocar cambios en nuestras relaciones de ayuda, cooperación, asistencia, respaldo a otra persona. En él se habla de 5 órdenes//deórdenes:
- 1- ÓRDEN: Dar sólo lo que se tiene y sólo tomar lo que se necesita // DESÓRDEN: Dar lo que no se tiene, no equilibrar el dar y recibir. Tomar lo que no se necesita. Cuando esperas algo que la otra persona no te puede dar.
- 2- Reconocer los límites y respetarlo. Invertir hasta donde las circunstancias lo permitan, aceptando el destino de la otra persona, no somos salvadores-as. La ayuda es cuidadosa // Desórden: Negar o tapar las circunstancias en lugar de afrontarlas.
- 3- Ayudar de igual a igual, de adulto a adulto, no te colocas en el lugar del padre/madre de la persona. Respetar la dignidad de cada cual. // Desórden: Ayudar como Padre-Madre, permitiendo que la persona pida ayuda como un niño-a. No dejarle tomar su responsabilidad, ni encarar las consecuencias de sus decisiones.
- 4- Todo es sistémico, es un encuentro de sistemas, empatía personal y familiar. Incluir al excluido-a. // Desórden: No prestar atención al sistema y a los-as excluídos-as. Apoyar sólo a la víctima.
- 5- Ayudar sin juicios: acepto, honro, reconozco a la otra persona, con su familia, su contexto, circunstancias. Amar todo tal como es. Estar al servicio de la reconciliación. // Desórden: Juzgar al otro-a y a su sistema. Distinguir buenos y malos.
La fuerza que llevamos al aula es la alegria por vivir. La pedagogía de la vida es la ternura. Hacerlo sencillo, con naturalidad, hacer y confiar. Todo lo que está alrededor es área de posibilidad. De ahí que trabajemos con el orden, el espacio en la clase, ocupar el lugar que le corresponde a cada cual trayendo al aula a la familia, por ejemplo dejando tiempo para tratar imprevistos como la muerte de un abuelo y trabajar sobre las despedidas, llegada de un nuevo compañero desde la inmigración, las historias de otros es un aprendizaje para los-as demás. Desde estos órdenes el profesorado aprende a escuchar, no tiene que buscar respuestas, confia en la capacidad del alumnado, abre al grupo a la percepción del otro-a y sus emociones. La familia ocupa a veces el lugar del profesorado y del propio hijo-a cuando les ayudamos demás con los deberes. Enseñar a que ellos-as pregunten si no lo han entendido en clase, a asumir sus responsabilidades si no llevan el material preparado, es también ayudarles a crecer, a conseguir sus metas.
Este es un ejemplo de la aplicación de estas leyes sistémicas de la ayuda, igualmente se puede hacer en diversos contextos: en la orientación laboral y dejar que la persona tome sus decisiones; en el centro deportivo y que los-as jugadores-as se autogestionen con las normas del uso de las instalaciones; cuando ayudas a una persona dependiente y la tratas con dignidad, desde la compasión, dando lo que puedes, sólo lo que la otra persona necesita y puede recibir, respetando su sistema y su destino.
¡Ayudo estando presente, desde mi lugar! ¡La autoayuda es estar en mi lugar!
¡Nos ayudamos mutuamente!
Gracias por leer, interesarte el tema, seguir mis entradas al blog. Deseo apoyarte y que SIRVA.
Cada semana realizaré una nueva publicación. La siguiente abordaré la importancia de tomar a la MADRE y al PADRE.

Crucial todo esto para no caer en el síndrome del ayudador. Me parece muy interesante que lo remarques, pues es el punto de partida de cualquier persona dedicada al servicio o ayuda al otro. Últimamente de hecho, pienso mucho en ese tema... Un abrazo!
ResponderEliminarGracias Rafael, efectivamente el ayudar a toda costa no es bueno ni para el que ayuda ni para la persona ayudada. Esto, a veces, teñido de buena voluntad, nos lleva a ser víctimas, estar en deuda, nos sube la soberbia e incluso puede provocar rechazo y violencia en la persona que recibe sin pedirlo. Un saludo.
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